Duerme, que viene el coco

jueves, 25 de mayo de 2017

Entrevistando a Chelo Casas.


Entrevistando a Chelo Casas.

Hoy vamos a conocer un poco más a una gran persona que, como ella misma dice, tiene un vicio inconfesable: la lectura. Pero ¡ojo! Que tiene otro vicio, y es contarnos lo que piensa de los libros que lee.

Desde Takoneando entre libros nos deleita con unas reseñas sensacionales, en las que escapa del típico comentario de crítico relamido. Su humor y originalidad a la hora de expresar sus opiniones va ganando adeptos cada día. En su página de Facebook hallarás todo tipo de lecturas perfectamente reseñadas, sin seguir un listado de ventas comercial.

P. Hola, Chelo. Muchas gracias por estar hoy con nosotros. Voy a empezar preguntándote cuándo caíste en estos dos vicios…

R. Hola, encantada de tener voz en tu blog y encantada de haberte conocido gracias a la lectura.

Pues no sé concretamente a qué edad me empezó el vicio de la lectura, pero sí sé a la edad en la que tuve mi primer carnet de biblioteca y por el cual llevaba luchando ya todo el curso en casa ¡yo quería elegir y sacar libros como los mayores! Tenía seis años. Curiosamente, en casa no se leía casi nada. Tan solo mi padre, algunas novelas western de Marcial Lafuente Estefania y que yo devoraba desde niña. Un tío que tenía soltero y que cuando yo iba a su casa me dejaba entrar en sus tesoros: Julio Verne, El Coyote, y sus cómics más preciados: Roberto Alcázar y Pedrín, El guerrero del antifaz y El capitán trueno. Como verás, teniendo estas lecturas, con lo que menos soñaba yo era con ser princesa Jaja ¡Yo quería ser Ranger de Texas!

Lo del vicio de comentar mis lecturas… Ups… hablo mucho, mucho. Me encanta hablar, debatir y exponer mis sensaciones, en mi entorno diario no tengo mucha gente con quien departir sobre lecturas, y en casa ya no me hacen caso 😂. Así se me ocurrió castigar de vez en cuando a mis amigos virtuales.

 P. ¿Tienes algún género predilecto?

R. La novela policíaca y de detectives clásica me chifla. Crecí leyendo los casos de Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Miss Marple, Auguste Dupin y el comisario Maigret. Pero es cierto que el género histórico, si está narrado de manera amena y bien documentado, me hace pasar muy buenos ratos. Ahora estoy ampliando mis géneros de lectura; sentía que me perdía historias por centrarme sólo en los míos. Me hice miembro de unos cuantos clubes de lectura virtuales, me rodeé de gente con gustos literarios muy distintos a los míos para que eso me hiciera salir de mi zona de confort. Y ha funcionado. Estoy descubriendo el gusto por la narrativa, la literatura más intimista. Abrir horizontes siempre enriquece, siempre ganas.

 P. ¿Cómo seleccionas tus lecturas? ¿Te guías por algún patrón?

R. No sigo ninguna pauta para elegir libros, ya he comprobado que aunque me marque unas reglas para ir leyendo ciertos libros, siempre las rompo. Se te cruza uno que te recomienda alguien que te conoce muy bien, o uno cuya sinopsis te llama la atención, o uno que ves que tenías previsto leer hace dos años y de repente asoma otra vez el lomo delante de ti.

Leo según mi estado de ánimo, normalmente si he leído un libro intenso, el siguiente suele ser más liviano.

Tampoco me guío por las novedades, es más, a no ser que la novedad en cuestión sea de un  autor que ya conozca mucho y le tenga ganas, suelo pasar mucho de leer lo de reciente edición… y si es algún libro muy mediático, muy publicitado en los medios, acabo tan saturada de ver tanto marketing que de ese directamente paso.

Suelo leer también bastante de autores independientes, tengo amigos entre ellos y sé lo difícil que es sacar un poco la cabeza y que se te reconozca en este mundo. Aunque he leído cosas que daban vergüenza ajena, también he leído otras que son auténticas joyas y de las que no te explicas la razón de que no hayan llegado a más gente. Ah, debo puntualizar que entre los libros de grandes editoriales, incluso algunos con premios muy importantes, también hay libros que da vergüenza  que hayan salido al mercado, al menos los autoeditados tienen la excusa de no poder pagarse unos correctores de estilo en condiciones.

P. Tienes un sistema muy ingenioso y divertido para clasificar los libros…Ilustra a nuestros lectores, por favor.

 R. En primer lugar decir que jamás valoro si un libro es bueno o malo, no me considero capacitada para juzgar eso. Un libro que a mí no me haya gustado nada, a otra persona le puede haber parecido maravilloso. Mis valoraciones van en función de las sensaciones que ese libro haya despertado en mí, tanto buenas como malas.

En cada reseña puntúo del uno al cinco la lectura, lo hago con unas estrellas (🌟🌟🌟⭐⭐). Ha habido algún caso extremo en que el libro me ha decepcionado tanto que ni siquiera he podido darle una estrella, en ese caso he recurrido a esto (💩).

Luego a final de mes hago un resumen de todas mis lecturas y ahí ya pongo otro sistema de valoración, siempre también del uno al cinco:
- Excelente: ¡Wooooowww!
- Muy buena: ¡Yujuuuu!
- Buena: ¡Ñam!
- Regular: Pssseee
- Mala: ¡Plof!

P.  ¿Qué es lo que menos soportas de un libro?

R. Dos cosas:

-La paja literaria. El “bla, bla, bla” y las descripciones inútiles que usan algunos autores para engordar un libro. Hay historias que se ganan a pulso las páginas que tienen, pero cuando en otras el lees durante párrafos y párrafos como un detective describe el cuidado de un ficus benjamina que tiene en su despacho pues…😔😔 También es verdad que algunas veces es exigencia de la editorial, un amigo escritor me lo dijo. Les obligan a un número determinado de páginas para la historia y deben ir rellenando.  Parece ser que hay lectores que creen que un libro más grueso es sinónimo de calidad literaria, en fin…

-Los finales precipitados y chapuceros después de una buena historia. He dejado de leer a algunos autores por esta razón, te tienen enganchada a una historia muy buena durante seiscientas páginas y luego en las últimas tres te desarrollan un final de esos que yo llamo “de eyaculador precoz”, mucho calentamiento y luego ¿¿Ya está??

P. ¿Cómo se te ocurrió crear tu página ?

R. Lo de Takoneando entre libros surgió por petición de unas amigas. Yo tenía la costumbre de poner en mi muro particular mis opiniones sobre las lecturas y a mis amigos parecía que les gustaba. Me dijeron que en una página llegaría a más gente y también serviría para tenerlas todas a mano. Y como yo soy muy obediente, cuando me interesa, me dejé guiar por sus consejos, y hasta hoy.



Hasta aquí, la placentera charla con Chelo Casas. Espero que la hayáis disfrutado y os anime a visitar su página. Os aseguro que os va a fascinar.

miércoles, 24 de mayo de 2017


EL HIRIENTE ZUMBIDO

Notó su presencia incluso antes de que el maldito mosquito zumbara. No sabía cómo, pero intuía que no estaba solo en la habitación del hotel. Hacía bastante bochorno, y tuvo que conectar el aire acondicionado, a pesar de que no le sentaba nada bien a su garganta. Pero era eso, o sudar y asfixiarse de calor.

Merecía la pena. Al día siguiente a esas horas estaría en el apartamento de Juliette, en Marsella, disfrutando de su amor. Un nuevo «viaje de negocios», al que la empresa le obligaba, disfrazaba los cinco días que se había tomado libres. Lorena no sospechaba nada. ¡Pobre ilusa!

Apagó la luz y se dispuso a dormir. Tenía que coger un avión bien temprano, y debía estar descansado para su encuentro con su bella amante. Ya no tenía veinte años ni el fulgor de antaño. Debía reposar para estar a la altura de la joven.

El zumbido comenzó al momento, en su oreja. Por un momento incluso pensó que se le había metido dentro del oído. Sacudió las manos y encendió la luz. Escudriñó la habitación, pero no logró ver al pequeño insecto. Volvió a apagar la luz, y de nuevo el maldito sonido le hizo incorporarse de un salto en la cama. Esta vez no cesaría hasta acabar con él. Examinó el cuarto a conciencia, y lo encontró. El maldito estaba en el techo, riéndose de él. No lo pensó dos veces y se puso de pie sobre la cama, armado con una toalla del cuarto de baño.

Alzó la mano con fuerza hacia atrás, apuntando al condenado insecto, pero perdió el equilibrio. Cayó hacia atrás, golpeándose fuertemente contra la pared y el suelo, armando un gran escándalo al tirar la mesilla de noche. Dolorido, intentó levantarse, pero le fue imposible. Al poco, el guarda del hotel llamó a la puerta de la habitación, sin duda avisado por algún huésped alarmado.

Perdió el conocimiento, y al despertar se vio rodeado de goteros y cables. Un médico, serio, estaba de pie ante él. Levantó la fina sábana blanca que le cubría el cuerpo y le preguntó si sentía los pinchazos en las piernas.

     ¿Pinchazos? ¿Qué pinchazos?

Rocío Ramírez Gámez. ©








martes, 23 de mayo de 2017

Un desenlace alternativo

UN DESENLACE ALTERNATIVO
El hombre apretó el paso. No quería llegar tarde. Acababan de dar las diez y media de la noche, y a esa hora ya habría terminado el concierto de aquella extranjera que osaba mostrar su cuerpo casi desnudo ante millones de personas, infieles que no merecían vivir.
Él sería uno de los mártires que alcanzara el Paraíso. Su sacrificio merecería la pena. Alcanzaría la gloria y sería nombrado como uno de los grandes después de acabar con la vida de muchos de aquellos occidentales. Se llevaría por delante al menos una docena, con suerte caerían más. Otros quedarían heridos, y todos, el país entero, se sumiría en la histeria, la tristeza y el horror.
Aquella noche del veintidós de mayo jamás sería olvidada.
Esperó fuera del vestíbulo del Manchester Arena, nervioso. Aguardaba el momento adecuado, cuando más gente pasara por allí procedente del vestíbulo. Su mano temblaba ligeramente sobre la llave que abriría el caos, mientras miraba a su alrededor. Fue entonces cuando sus ojos se cruzaron con los de una niña pequeña, no mayor de cinco años. La chiquilla le sonrió tímidamente, agarrada de la mano de su madre. Aquella límpida e inocente mirada produjo una mutación en el interior del hombre.
Lentamente, apartó la mano del artefacto que iba pegado a su cuerpo. Devolvió la sonrisa a la cría, se dio media vuelta y salió por donde había entrado. Esa fue la única detonación que se produjo aquella noche.
D.E.P.



martes, 16 de mayo de 2017

CHARLA CON JOSÉ ANTONIO DEL POZO

Conocí a José Antonio a través de una amiga en común. Comencé a leer los posts que publica en la famosa red social, y acabé enganchada a ellos. No hay día que no me sorprenda gratamente con su original estilo. Pero necesitaba más, y así fue cómo llegó a mis manos sus Veinte relatos de amor y una poesía inesperada, tras su primer éxito, Las historias de un bobo con ínfulas, ambas editadas por Círculo Rojo. Cada relato contenido en este libro es único y sorprendente. Su autor nos muestra el amor y el desamor de una diversidad de personajes bien definidos, y en circunstancias dispares. Amores temerosos frente a otros más decididos, amores entre mendigos frente al amor por Nicole Kidman que, ¿por qué no? visitó una clase en Alcorcón, finales diferentes y sorprendentes. Amores. Pero no, como bien dice del Pozo, amores de «reclamo de Grandes Almacenes». El amor que nos relata este autor es el verdadero, el del día a día, el que mueve el mundo.
Rocío: Bienvenido, José Antonio, a este humilde espacio.
J. Antonio: Antes de nada, Rocío, muchísimas gracias por las, cariñosas y analíticas a la vez, palabras que me dedicas, que, provenientes de ti, que tan fino gusto como buena escritura propia tienes, me hacen una muy especial ilusión. Gracias. Vamos con tus jugosas questions.
R: Me gustaría empezar preguntándote cuándo te picó el gusanillo de la escritura.
J. Antonio: Escribo con regularidad desde los trece-catorce años, cuando constaté que no me adapto bien a la vorágine incesante de lo real, y que con la escritura podía tomarme un pequeño desquite frente a la realidad, y saborearla un poco más, para bien y para mal.
R: ¿Qué te inspira? ¿Cuáles consideras que son tus influencias?
J. Antonio: Me inspira la realidad de lo que veo y me rodea, me inspiran las películas y los libros que conozco, las pequeñas cosas que me suceden. Mi visión y mi estilo son realistas, creo, aunque trato de, con la imaginación, con el humor, con la sensibilidad, engrandecer e intensificar la realidad cotidiana. Los autores que más me gustan son Pessoa, Unamuno, Umbral, Trapiello, Landero, Hornby.
R: ¿Cómo surgió Veinte relatos de amor y una poesía inesperada?
J. Antonio: Seleccioné, sin pensarlo, los relatos míos que más me gustan- si no me gustan a mí el primero, para qué darlos a luz- y descubrí entonces que tienen todos ese hilo común, el de la indagación sobre la condición humana enamorada, sobre el mundo de ese sentimiento tan poderoso como íntimo, en sus diversas facetas, con sus pros y sus contras. Recordé luego el célebre título de Neruda y me dije, pues eso, Veinte relatos de amor y una poesía inesperada.
R: Cuando escribes, ¿tienes ya decidido el final, o surge sobre la marcha a medida que avanzas?
J. Antonio: A veces está el final ya decidido, porque primero se ha escrito a grandes rasgos en tu mente, pero a menudo en el proceso de la escritura los personajes y la fuerza de la situación, y de la introspección e inspiración que te llevan a ellos, te sorprenden y arrastran hacia terrenos y finales imprevistos para ti. Como bien sabes, la escritura tiene una parte consciente y otra inconsciente, que desata de golpe cosas tuyas, que ni siquiera tú sabías que tenías dentro de ti.
R: Alguna anécdota que quieras compartir con nosotros…
J. Antonio: El otro día, una joven lectora mía con los nudillos tocó el cristal de la cibernética ventana. «No sabía que tenías Facebook!!! Yo tengo los dos (libros)!! Me encantan!! El segundo más!!», me escribió. Le pedí yo santo y seña a aquel vendaval de amabilidad. Y vino ahí lo bueno. «Por mi madre!! Es ella quien me empujó a leerte. Se llama también A y somos de C. Los libros me los quedé yo!!». Le expresé de inmediato mi rendida gratitud, por supuesto. Mas ella, simpatiquísima, quería emocionarme más. «…Lo que me he reído con tu primer libro!!!...pero el segundo me ha encantado. Y la poesía… es amor!!!». Bueno, pensé, en medio de tantas dificultades para un escritor sin Nombre, qué reconfortante y bonito esto, el paso de mis libros, es decir, de mi persona, de las manos gustosas de las mamis a las impetuosas manos de sus hijas.
R: Seguro que no paras y tienes nuevos proyectos en mente. ¿Disfrutaremos pronto de nueva obra?
J. Antonio: Los tengo, Rocío, aunque lamentablemente los planes literarios de los escritores sin Nombre son a menudo, por precarios, quiméricos; necesito, antes de lanzar un nuevo libro, hallar un mínimo de solicitudes- hablamos de cantidades de ejemplares perfectamente vergonzosas- hacia estos Veinte relatos de amor y una poesía inesperada. Si no los obtengo, tendré que pensar que como escritor no les intereso a mis miles de seguidores en las redes, y habré de escribir entonces, como decía Emily Brontë, para mi sombra y yo, que somos ya dos.
Hasta aquí la primera entrevista que inaugura la nueva sección del Blog. Espero que la hayáis disfrutado y conocido un poco más a este fantástico autor y su obra, la cual recomiendo con fervor. Si has amado, amas, o, piensas en amar…te aseguro que te sentirás identificado con alguno de sus maravillosos relatos. ¡Y qué decir de la preciosa poesía que corona el final! Gracias, José Antonio.





domingo, 14 de mayo de 2017

Malditas mujeres

Con este post no pretendo crear controversia, ni es mi intención hacer alarde de un feminismo exacerbado. Simplemente quiero exponer unos hechos que ponen de relieve la indefensión de las mujeres ante la falta de escrúpulos de aquellos que persiguen un interés lucrativo o sencillamente, venganza. Esta actitud ante las féminas no es exclusiva de los varones. Aún hoy día, camuflada por la hipocresía, nos encontramos con comportamientos que perjudican a las mujeres llevados a cabo por personas de género afín. No creo que sea necesario que me remonte a la culpabilidad de Eva por hacer que nos expulsaran del Paraíso. La misma Juana de Arco fue quemada por bruja por los ingleses, habiéndole dado la espalda su adorado Carlos VII, temeroso quizás de que el empuje y arrojo de la joven doncella, cuyas "voces" oídas tenían un marcado carácter político, lograran hacer mella en su poder y le arrebataran influencia. No fue, por desgracia, la única en morir en la hoguera acusada de bruja, de pactar con el demonio. La acompañarían miles de mujeres por toda Europa y parte de América. Muchas de ellas fueron acusadas por vecinas que codiciaban propiedades, o simplemente por envidias y otras rencillas, además de comportamientos que eran considerados extraños, y por tanto, demoníacos. La Inquisición fue finalmente abolida en 1.834. Atrás se quedaron las acusaciones falsas que podían acabar con la vida de una persona, generalmente una mujer, aunque bien es cierto que muchos brujos y hechiceros también sucumbieron y sus cenizas fueron esparcidas por los caminos para que fueran pisoteadas. No obstante, a la mujer se le siguió castigando cuando su proceder no era el adecuado. Si no se avenía a ciertas normas sociales, podía acabar en una manicomio, encerrada de por vida, con la mediación de la propia familia. ¿Realmente actuaban preocupados por su salud mental? No fue así en el caso de Juana Sagrera, una respetable burguesa valenciana, que fue recluida en un psiquiátrico, obra de los engaños realizados por su marido y los propios hermanos de la dama. ¿Motivos? La actitud inconveniente de ella, pues anhelaba ser libre e independiente. ¿Motivos reales? Quizás la sustanciosa dote que el marido podría administrar a conveniencia... En Francia, por ejemplo, se consideraban comportamientos femeninos desviados el interés por el activismo político o una actividad sexual desbocada. Voy a pasar de puntillas sobre la llamada violencia de género, pues es un tema por desgracia bastante conocido, y del que no son necesarias amplias explicaciones. Este delito, recientemente castigado tras años en el que las víctimas callaban, no sólo por miedo, sino también por vergüenza, ha sido justificado, para mi consternación y bochorno, por otras mujeres. He sido testigo de cómo se disculpaba esa violencia porque es que "Fulanito la quiere mucho, y se pone celoso". Malditas, malditas mujeres, malditas todas. No olviden que, durante el período menstrual, no podemos hacer salsa mahonesa bajo el riesgo de que se "corte", ni tocar una planta, porque se marchita. ¡Mujeres!

jueves, 4 de mayo de 2017

MANÍAS DE ESCRITOR

La imagen que se suele tener de los escritores los sitúa en luminosas áreas de trabajo, sentados frente a una máquina de escribir, hoy sustituida por un ordenador, concentrados en la ardua tarea de crear historias. Otros eligen cafeterías con encanto. A muchos de ellos nos lo imaginamos fumando, rodeados de bolas de papel con ideas desechadas. Los más afortunados se permiten permanecer en un retiro, aislados de molestos sonidos y distracciones, como el general Charles de Gaulle, que terminó de escribir sus memorias en el Refugio de Juanar, situado en Ojén (Málaga). No faltaban aquellos que escribían desnudos, como Víctor Hugo. Mi admirada Ágatha Christie escribía en la bañera mientras comía manzanas. Los hay que siguen rituales, como Isabel Allende, cuyas novelas comienza a escribir siempre en ocho de enero. Y no faltan los que siguen un horario estricto, el cual tienen la suerte de cumplir a rajatabla. Yo os voy a decepcionar. Es cierto que tan sólo soy una humilde escritora, pero mis manías y rituales no son tan fascinantes... ¡Ya quisiera yo poder irme a un retiro de vez en cuando a terminar mis novelas! Algo sumamente difícil en mi situación. Para empezar, no tengo un horario fijo para escribir. Es más, no tengo un horario. Pueden pasar días sin que logre trazar un par de líneas. "Tienes toda la mañana", me dicen, "Aprovecha que el niño está en el colegio". Ya. Y, ¿quién se ocupa del cansino trabajo de hogar? La tarde entera es imposible. Es un no parar de tareas escolares, actividades, etc. "Bueno, tienes la noche". Sí, la noche entera cuando los ojos se te cierran de agotamiento, y pensando en el madrugón del día siguiente. Y porque no trabajo en la calle... ¿Qué qué hay sobre mi "lugar de trabajo"? Buf. Un viejo ordenador portátil con el que procuro encerrarme en la habitación cuando logro arañar un par de horas, si tengo suerte y en esos momentos me llega la inspiración. ¿Escribir desnuda? Pues no, señores, no me lo había planteado. Aunque ahora que se acerca el verano y el calorcito, no parece tan mala idea. En fin, no les aburro más con mis manías de escritora porque se me pegan las lentejas.

jueves, 23 de marzo de 2017

Entrevistando a Rocío.

Hoy os traigo una entrevista que he realizado a Rocío Ramírez, autora de La burundanga y Duerme, que viene el coco. Sí, la entrevista se la hago yo porque la conozco muy bien, o eso creo. Quizás me sorprendan sus respuestas. Nunca se acaba de conocer a las personas. Rocío frente a Rocío. Una parte de ella, quizás la más cabal, preguntando, y su otro yo, el de las locuras, respondiéndose a sí misma a preguntas que nunca antes le habían hecho. Comencemos...
Pregunta: — Rocío, ¿por qué escribir?
Respuesta: — ¿Por qué cantar, o bailar, o pintar...? Porque descubres que te hace feliz. Me gusta contar historias, y trasladarlas al papel.
P: — Y también disculparte por escrito. ¿Recuerdas cuando hacías alguna de las tuyas? Y mira que te lo advertía...
R: — Bueno, no te salgas del tema, que no estamos hablando de mis trastadas. Pero sí, te doy la razón, querido yo. Mamá aún conserva cartas en las que pido perdón de una forma bastante extensa. P: — ¿Qué sientes cuando terminas una novela? Además de la ilusión y de las ganas de mostrarla al mundo como los papás cuando nace su criatura, algo más pasa por esa cabecita tuya.
R: — Sí, pasan muchas cosas. Siempre hay inseguridad y temor, porque no sabes cómo va a reaccionar la gente cuando la lea. Y, bueno, entre tú y yo, también me da congoja. Hay personajes a los que no voy a ver más, y te tienes que despedir de ellos después de haberles dado vida. Los has creado, les has dado un nombre, unas características físicas, una personalidad...Son tus criaturitas.
P: — ¡Uf! Visto así, ahora comprendo ciertas cosas tuyas. Hablando de personajes, ¿te inspiras en gente a la que tú y yo conocemos? A veces me ha parecido reconocer a alguien.
R: — Muy buena pregunta. No me inspiro en personas concretas. Me gusta observar a la gente, y a veces ciertos comportamientos, o reacciones, me ayudan a darle vida a los seres que acabo creando. Y sí, me puedo incluir yo. Pero finalmente, cada sujeto que aparece en las novelas es un personaje ficticio, con su propia personalidad.
P: — ¿Cumples con un horario para escribir, o esperas a que te llegue la inspiración para ponerte a ello? Porque algunas noches no me has dejado descansar...
R: — Lo siento, querido yo, pero sabes que me gusta escribir de noche, cuando más silencio hay. Solo que a veces estoy tan cansada, que no me llegan la ideas, y tengo que posponerlo. A veces me ha llegado la inspiración mientras vigilaba que las lentejas no se agredieran entre ellas.
P: — ¿Y qué haces en un caso así? Porque también te puede pasar en otros momentos...
R: — Por eso tengo tantos cuadernos repartidos en bolsos. Apunto las ideas, y luego las desarrollo.
P: — Ya sé que te encanta leer, pero dime, ¿cuál es tu género preferido?
R: — Me atrae mucho el thriller y la novela negra, pero leo de todo. Un buen libro, uno que me haga aprender, pensar o que me entretenga, depende del momento, siempre es bienvenido. Procuro leer de todo. La poesía y el ensayo también forman parte de mis lecturas. No me guío por listas, más bien por recomendaciones de amigos, o por mi curiosidad.
P: — Bueno, Rocío, pues muchas gracias.
R: — A ti, mi yo. Y a vosotros, lectores, deciros que tenéis las puertas abiertas para hacerme preguntas, para resolveros dudas acerca de mis novelas y relatos, o comentarlas. Os espero. Espero poder traeros nuevas entrevistas a escritores, para que los vayáis conociendo. Ambas Rocío ya tenemos a alguien en mente...